Es claro que siempre habrá que trabajar por la defensa de los derechos
de los hombres. Ahora bien, los hombres también somos animales y hoy en
día sabemos que estamos emparentados con los animales mucho más de lo
que alguna vez creímos.
La tesis de la superioridad de los
humanos está hoy siendo desvirtuada, pues los argumentos invocados para
sustentarla son cada vez más deleznables. Actualmente han surgido
teorías no exentas de debates que incluyen el hombre como animal humano
en la naturaleza y pretenden un equilibrio entre estos sujetos (animal
humano, animal no humano), sin la supremacía que propone el
antropocentrismo.
Tampoco existen argumentos legales para
inobservar las obligaciones con respecto a los animales: si no somos
fundamentalmente distintos, esos seres no podrán estar por fuera del
ámbito de protección de las normas jurídicas, incluso para los más
escépticos detractores de la protección animal, es innegable nuestra
dependencia de ellos y por ende la necesidad de crear y perfeccionar
cada vez más las normas que se encargan de regular las relaciones hombre
–animal, para reconocer en este último el valor intrínseco de que es
titular.
Estamos llamados a vigilar y defender los derechos de
los animales, más aún cuando hemos asumido como propia la domesticación
totalitaria de la naturaleza, cuando nos hemos creído con un derecho
superior al de las otras especies, cuando hemos caído en el racismo que
fundamenta la violencia contra nuestra especie y la justifica frente a
otras. Si bien no existe ningún criterio moral que justifique lo
anterior, si existe una obligación, un compromiso ético y una necesidad
evidente de protección y vigilancia y es por eso que el tema de las
violencias contra los animales debe constituirse en objeto de estudio,
debe explorarse, escudriñarse y profundizar en sus fundamentos por las
implicaciones que pueden derivarse de la naturalización de tales
violencias en una sociedad, que de forma previsible puede generar
también, conductas destructivas para los animales humanos con el
consiguiente impacto para el ecosistema y para la alteración de las
relaciones entre los diferentes seres vivos que cohabitan el planeta.
La
historia de la humanidad ha evidenciado no solo la relación permanente
entre animales no humanos y animales humanos, sino también la violencia
de estos hacia aquellos justificada en la religión, la ciencia o los
adelantos tecnológicos desconociéndoles su capacidad de sintiencia.
Tratando
de abundar en argumentos se dice además, que esta violencia se
justifica en tanto que el animal humano está dotado de razón lo cual lo
hace dominante y poseedor del conocimiento y los animales no humanos
carecen de tal atributo, lo que los ubica en una posición de
subordinación que da lugar a que puedan y deban ser dominados por quien
tiene el conocimiento y es titular de una capacidad razonadora, ubicando
el humano a su servicio todas las demás especies, en una relación
utilitarista que le permite, por su supremacía, valerse de ellas.
Son
diversas las manifestaciones del maltrato y abuso que padecen los
animales: tortura y crueldad, abandono, falta de cuidado, falta de
alimentación, de agua, de refugio, falta de atención veterinaria;
confinamiento, privación de libertad, mutilación, muerte, negligencia de
los animales humanos para con los no humanos o del Estado en la
ausencia de políticas que incluyan normas y educación para controlar esa
forma de violencia.
Algunas teorías han intentado ponerle
límites a ese desmesurado abuso con una réplica que demuestra que los
animales no humanos no fueron incluidos en el contrato social lo que da
al traste con su supervivencia y de hecho ha facilitado la extinción de
muchas especies a cargo del animal humano, generando con ellos una deuda
impagable.
Desde el año 2012 la Declaración de la Conciencia de
Cambridge sostiene que los estudios sobre el campo de la conciencia
avanzan rápidamente en el estudio de los animales humanos y no humanos.
Implica
lo anterior que la humanidad está ante la necesidad de un cambio de
actitud frente al trato violento con los animales no humanos.
Colombia
cuenta con herramientas legales y operadores competentes para controlar
las violencias, sin embargo queda pendiente mucho por hacer.
Este
encuentro pretende despejar algunas dudas frente a la importancia de
analizar el tema desde la academia, describir algunas de las
experiencias locales y su trascendencia, así como hacer visibles
propuestas Latinoamericanas en las que se ha ido superando el
antropocentrismo produciendo paulatinamente un giro hacia el equilibrio
entre el hombre y la naturaleza.
También se pretende demostrar la
importancia de contar con herramientas para facilitar la comprensión y
análisis de las violencias contra los animales no humanos en la sociedad
y su relación, con otras violencias dirigidas a los animales humanos.
Es
alarmante el número de casos de maltrato a animales no humanos y el
grado de violencia hacia éstos, lo que nos indica que se trata de un
problema frecuente y difundido, tanto en nuestro país como en el mundo
entero, que hay que analizar con detenimiento, pues de su ocurrencia se
deducen consecuencias que afectan la convivencia entre los animales
humanos y el análisis aporta además elementos para la transformación de
formas de violencia cultural.
Algunas de las situaciones más
comunes padecidas por los animales no humanos corresponde a su uso para
trabajo y transporte; animales salvajes y domésticos empleados para el
entretenimiento (circos, zoológicos, cabalgatas, espectáculos, peleas y
competencias); animales de compañía abandonados o mantenidos en malas
condiciones; animales víctimas de las corridas de toros y de la
zoofilia, todo lo anterior se puede traducir en una sola palabra:
violencias, sin embargo quienes se han encargado de estudiar el tema de
las violencias solo lo han referido a los animales humanos y a las
cosas, los actos descritos a pesar de encerrar el concepto de violencia
cuando se dirigen a los animales no humanos se han denominado maltrato,
abandono, nunca violencia, el término violencia, más contundente se ha
dejado solo para los animales humanos.
Todo lo anterior ha sido
el detonante para que en este evento se consideren metodológicamente,
tres ejes: la mirada desde varias disciplinas en torno al tema de las
violencias contra los animales no humanos, un segundo eje sobre las
estrategias para la superarlas y un tercero acerca de la situación de
los derechos de los animales en Colombia.

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